LA SABIDURÍA DEL DOLOR

En el sonoro silencio del Absoluto, la muerte nos enfrenta cara a cara con la vida. Nos quedamos desnudos, sin ropaje. Despojados de todos los yoes, se descascaran las máscaras. Inevitable final de una transparencia inmaculada.
La vida nos prepara para la muerte; y la muerte nos conduce a la Vida. Dialécticas interminables del constante pasaje, entre el amor y la perdido, entre la presencia y la ausencia. No hay rincón donde se esconde lo Esencial. No hay intimidad, si no se acoge la voz que llega del yo profundo, en el centro del ser. Una voz que elogia la sencillez y expresa la gratitud.
En el acontecimiento creativo de la vida no hay lugar donde se esconda la muerte; está ahí. nos mantiene en vilo, preparándonos para lo inconmensurable; provocando el anhelo de explorar lo que late dentro nuestro.
He escuchado por años el corazón humano y me asombro de instante en instante - en esta escuela por la que transitamos - por ver que entre tantas experiencias límites, el pasaje entre la vida y la muerte, es realmente un Portal Iniciático. EI momento por el cual podemos comenzar a vivir una vida más simple y plena.
"Aprendemos a vivir cuando estamos preparados para morir". Qué paradoja supone esta afirmación en un mundo occidental que prefiere darle la espalda a la muerte... “de eso no se habla". Es evidente la negación que supone ver como el miedo hace surcos en nuestras entrañas.
¡Cuánta importancia personal sostiene lo que somos! cuanto tiempo dedicado a sostener lo efímero! y cuanta ignorancia contagiada por la mirada materialista de la vida! Aquella que, sabemos, divide lo tangible de lo intangible, lo concreto de lo que está mas allá, lo cotidiano de lo mágico, lo conocido de lo incognoscible. Vivimos engañados por nuestros propios egos. Tienen la disposición de velar la realidad y luego, armaría de acuerdo a sus posibilidades. Sí, desvirtuamos nuestra vida, Ie quitamos su verdadero valor: la unidad, lo sagrado que la misma contiene en su núcleo. Y es entonces, que vamos caminando a tientas por la periferia, sosteniéndonos de seguridades, pertenencias, logros que nos hagan sentirnos "alguien". O escapándonos de nosotros mismos, un mecanismo muy sutil para no ver la Realidad. Lo asombroso es que creemos estar muy atentos cuando nos conectamos con nuestras necesidades, emociones o deseos; aunque sigue siendo el reclamo de la inmadurez que no calma nuestro niño herido.
La distracción de lo superfluo nos juega una mala jugada, justificando cada comportamiento perdemos de vista el punto de atracción, aquel que nos invita al centro: la revelación de uno mismo desde una dimensión trascendente.
Es así como, el dolor que la vida nos trae es el maestro, no aquel que nosotros nos provocamos. Aquello que es inevitable porque sucede en la rueda del vivir.

Lucia Inserra
 
     
   
     
Universidad de la Conciencia - 2009 - Argentina. Todos los derechos reservados. Diseñado por
 Dos Design - Diseño Gráfico
Modificación y Mantenimiento por: Leiva Matías - matiasleiva48@hotmail.com